Crecimiento

VIVIR LA VIDA

De alguna forma, alguna vez, todos nos hemos preguntado sobre nuestro propósito de vida. ¿Para qué estoy aquí? Todos, alguna vez, de alguna forma, hemos creído que detrás de la propia experiencia de la vida, existe, escondido y oculto a nuestros ojos, un propósito mayor, algo que contiene el potencial de hacernos más grandes, más elevados, más merecedores.

Nos hemos afanado en buscar esa razón superior, y en esa búsqueda nos hemos perdido, nos hemos salido de nuestro propio camino de vida. 

Esta semana, en una consulta de Registros Akáshicos, me pidieron que preguntara: "¿Cuál es mi propósito de vida?" La respuesta no solo fue para quien preguntó, sino para todos nosotros:

"Consideráis que tenéis algún propósito, algo distinto de lo que está siendo, pero eso, en realidad, solamente es ego. Es un engaño, es un medio para sacaros de la majestuosidad del momento presente. Los propósitos no son tales. Lo que llamáis propósito únicamente consiste en SER. En permitiros experimentar total y completamente la vida. Ese es el propósito de todos vosotros: VIVIR. Y ese es el propio drama de los seres humanos, que buscando un propósito no tienen tiempo de vivir la vida. La vida necesita ser vivida, ese es su/tú propósito. Experimentarla con todo lo que tiene, disfrutarla, bailarla, e incluso llorarla".

Ese es nuestro fin, nuestro gran propósito: vivir la vida, y sí, parece obvio, pero, ¿realmente vivimos con toda nuestra intención? ¿de verdad somos conscientes de que nuestro propósito aquí es vivir todo lo que la vida nos trae, entrar dentro y exprimirlo? ¿sabemos vivir pese al miedo que tenemos a la vida?

No hay un propósito que esté por llegar, no hay nada que te vaya a hacer más grande e iluminado. Tu propósito es vivir lo que estás viviendo ahora, en este preciso instante, porque ahí es donde está tu brillo, tu poder y tu finalidad. 

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by John Westrock

Photo by John Westrock

NAVIDAD

"El símbolo de la Navidad es una estrella: una luz en la oscuridad".                                             UCM

Llevo días decidiendo que es hora de cerrar un ciclo, de despedirme y de poner punto y final a una etapa. Llevo días sintiendo que es hora de dar comienzo a un nuevo capítulo. 

En ese punto y final y coincidiendo con la llegada de la Navidad y del Solsticio de invierno me pregunto qué me llevo, con qué me quedo, qué recojo de todo lo que hasta ahora he vivido, de lo que he aprendido. Qué es lo que da luz entre tanta oscuridad. Y me quedo con lo único que tiene sentido. Con lo único que nos vamos a llevar cuando esta experiencia termine, cuando todo acabe. Lo único que nos hace estar vivos: el amor que compartimos. Con eso me quedo. Lo demás no importa. Compartir amor es lo único que sirve, es la única verdad que existe. Sin amor hay vacío, oscuridad y mucho frío.

La estrella que guía nuestro camino, que nos hace ver con claridad es la energía que sale de nuestro corazón, es nuestra capacidad para amar. Compartir lo que hay en el corazón nos hace ricos, nos hace sentir vivos, inmortales. Cada palabra que he compartido durante estos tres últimos años me conecta contigo, me recuerda que tu corazón siente igual que el mío. 

Y es Navidad y nos volvemos pastelosos y cínicos y excesivos y nos quejamos porque no queremos tener la madre que tenemos, porque no queremos pavo y no sabemos qué regalar, porque no podemos gastar más y porque odiamos las Fiestas, porque a los que queremos no están. Porque estamos pensando que ojalá llegara el mes de enero ya. Porque precisamente ahora que tenemos una nueva oportunidad, ahora que se está abriendo un nuevo Portal, nosotros nos olvidamos de lo que sí es real, de lo que sí tenemos, de nuestra capacidad para amarnos y para amar, para compartir desde el corazón y generar intimidad.

Necesitamos despertar ya de nuestro letargo, volver a la Vida, encontrar nuestra estrella guía, cerrar un ciclo y recuperar nuestra capacidad para aceptarnos, respetarnos y amar. Para compartir y perdonar. Para agradecer que estamos vivos. Para reconocer a nuestro Cristo interno. Para vibrar en incondicionalidad, para dar y recibir y para asumir nuestra responsabilidad.

Necesitamos recuperar nuestra consciencia dormida y valorar lo que de verdad tiene valor porque eso es la Navidad, reencontrarnos con nuestra niño interno, con la inocencia y la bondad.

Te deseo un nuevo comienzo lleno de luz, que tu Estrella te guíe y una muy feliz Navidad. 

Almudena Migueláñez.

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OSCURIDAD

"Prefiero ser un hombre completo a un hombre bueno". Carl Jung

Huyes de tu oscuridad sin saber que es ella la que alberga tu luz. Pretendes ocultar tu imperfección sin saber que es ella la que abre las puertas de tu perfección. Crees que puedes mentirte y correr más rápido que tú.

No quieres una parte de ti. Rechazas tu soberbia, tu necesidad de control, tu tendencia a la queja, tu llanto, tu tristeza. Reniegas de tu miedo y deseas expulsarlo de tu reino. "No quiero ser así". Dices que tú lo que buscas es crecer, que quieres sentirte bien, que por eso trabajas, porque quieres ser mejor, pero en realidad lo que deseas, a veces sin saberlo, es deshacerte de una parte de ti, y eso, sin duda, es un grave error.

Creíste que hay algo de malo dentro de ti. Tú, como yo, hemos aprendido que hay que ser buenos, que hay que amar al prójimo, que el deber es antes que el ser, que la rabia, el odio o el rencor no nos hacen dignos, que la tristeza es mejor evitarla y que las lágrimas de nuestro propio llanto siempre hay que guardarlas. Tú, como yo, hemos aprendido a ocultar. Nos hemos hecho maestros en llevar una parte de nuestro ser, la que pensamos que no sirve, a la oscuridad. 

Y allí, en nuestras propias tinieblas, algo de nosotros se va oscureciendo cada día un poquito más. Una parte de nuestro ser que ha sido juzgada y sentenciada por fea, por indigna, por nefasta y que hemos dejado sin la más mínima posibilidad de perdón, sin derecho a una defensa y sin ninguna compasión. Una parte de nosotros que grita desde la oscuridad, que se proyecta en el otro y que anhela un poco de amor.

¿No te das cuenta de que eres tú, a través del juicio que emites contra ti, el que se impide ser feliz? ¿no te das cuenta de que eso que rechazas, eso que llamamos "sombra", forma parte de ti? ¿no te das cuenta de que sin ella no eres completo y que es la única que te puede mostrar tu luz?

Dime una cosa, o mejor dítela a ti: ¿qué es lo que no quieres que nadie vea y que mantienes escondido dentro de ti? ¿por qué lo rechazas? ¿Cómo te sentirías si te permitieras mostrarlo, dejarlo ser? ¿Cómo te sientes al aceptar que sí, que eso forma parte de ti? 

Aceptar total y completamente aquello que llevaste a la oscuridad, que juzgaste y de lo que renegaste, te da serenidad, plenitud, amor y mucha paz. Es tu oscuridad la que alberga tu luz.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

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PAPÁ

Aprender a caerme y a volverme a levantar. A quitarme los ruedines de la bicicleta, el flotador para nadar y decirme que puedo y que soy capaz, eso es lo que tú me has enseñado, mi querido papá.

A mamá le hemos dejado que se encargue de las emociones porque lo tuyo es más la acción y la voluntad. Tú, querido papá, eres mi arquetipo masculino. Me enseñas a ser fuerte y a construir mi propia autoridad. La relación que tengo contigo me sirve de referencia y reflejo de la relación que tengo con mi Padre Divino, con los hombres y con cualquier manifestación de autoridad. 

Gracias a ti dispongo de capacidad de acción y puedo avanzar. Gracias a ti tengo el suficiente impulso para, pese al miedo, continuar. Siempre me has dicho que lo puedo lograr: "puedes con eso y con más". El tesón, la responsabilidad, la iniciativa y la decisión son las herramientas que me regalas y que me dejas como herencia. A través de ti descubro quien soy yo, la energía masculina que habita en mí.

Mamá es la luna y tú eres el sol. Mi búsqueda de la individuación. Contigo, mi querido papá, yo aprendo a reconocerme como un individuo autónomo, me hago fuerte, constante y con capacidad para materializar, para dar forma a lo que por las noches, en la femenina oscuridad, imagino y sueño.

Tú, papá, que has hecho lo imposible para darme lo mejor, para que no me faltara de nada, tienes un lugar infinito en mi corazón. Te mereces todo lo mejor. Tu esfuerzo y tu capacidad de superación me recuerdan día tras día que la única suerte que existe se llama trabajo e intención. 

Sin ti, yo no sabría lo que es la disciplina. Sin ti no sabría materializar. Tú representas la energía Yang, la otra mitad.

Te doy las gracias por tu imperfección, por tu mal humor y por ser un poco gruñón. Porque sé el trabajo que te cuesta expresar una emoción y conozco tu necesidad, nunca manifestada, de que te den abrazos, cariño y amor. Porque me has enseñado a no tener culpa sino responsabilidad, a mirar hacia delante y a dejar el pasado atrás. Gracias papá.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

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CANCELACIÓN DE PEDIDOS

Yo pido, tú pides, él pide. Todos pedimos, pedimos y pedimos a eso que llamamos Universo, Vida, Dios, da lo mismo. Pedimos porque nos han hablado de la Ley de la Atracción, porque conocemos aquello del "pide y se te dará", porque creemos en los Reyes Magos y porque no creemos nada en nosotros mismos, porque ni siquiera nos conocemos. ¿Y qué hacemos? pedimos.

Vamos a la Iglesia y en forma de oración pedimos por nuestro hijo, nuestro marido o por recobrar la cordura y dejar de hacernos daño los unos a los otros. Meditamos y pedimos ayuda para saber poner límites, para manifestar abundancia económica. Pedimos por ese trabajo que nos va a hacer super felices, para que nuestra salud mejore o porque pronto aparezca nuestro hombre ideal. 

Pedimos porque creemos que nos falta, que somos escasos, que necesitamos de una fuerza externa que nos conceda, que nos regale, que nos quiera lo suficiente como para otorgarnos lo que pedimos, lo que nos falta, lo que no sabemos si merecemos pero, ¿sabes qué pasa? que como es dentro es fuera. Pedimos porque nuestra premisa es que existe algo por ahí arriba que nos puede dar lo que hoy no tenemos. Que tiene la facultad de concedernos deseos. 

Y lo que yo me pregunto es si has pensado alguna vez a quién estás enviando tu petición. Si te has parado a sentirlo. Si sabes cómo funciona esa inmensa manifestación de amor incondicional que es el Universo. Porque si lo sabes, creo yo, lo primero que harías sería cancelar cualquier petición y olvidarte ya de centrar tu atención en pedir y pedir. Porque si lo sientes, te darías cuenta de que el Universo está dentro de ti, que eres tú. 

El Universo no es un Rey Mago, no. No te da a ti porque te lo merezcas y a mí no porque no haya hecho los suficientes méritos. Tampoco espera nada de ti, no necesita que te culpes, que te esfuerces, que te mates para devolverle lo que te ha dado. No considera que lo que pides sea imposible y que no pueda dártelo. El Universo es incondicional e ilimitado. 

Lo que sucede es que cuando pides, lo que el Universo escucha no es la petición que sale de tu mente y de tu boca. Lo que escucha es tu vibración porque el Universo es energía y vibra, igual que tú. El macro Universo devuelve las vibraciones que salen de tu micro Universo interno. No devuelve peticiones porque no juzga. Únicamente da y refleja lo que tu energía le pide.

Cuando pides no puedes darte cuenta de que dentro de ti tienes toda la gama de vibraciones que estás intentando conseguir. Cuando pides abundancia, tu vibración puede estar diciendo "no llego a fin de mes". Cuando pides salud, tu vibración puede estar diciendo "tengo pánico a enfermar". Cuando pides y tu vibración es la de "no tengo", la de "me falta", lo que le estás diciendo al Universo sin saberlo es precisamente eso: ausencia y falta, y el Universo, que es de una justicia que pasma, te lo devuelve. Pide y se te dará. Como es fuera es dentro.

¿Qué crees que ocurriría si en vez de pedir encontrar una pareja consciente y con la que tener una relación de amor incondicional, te ocuparas de aumentar tu consciencia y amarte incondicionalmente? ¿Qué crees que ocurriría si en vez de pedirle al Universo manifestar abundancia económica, consiguieras ahora mismo sentir abundancia dentro de ti y dar las gracias todos los días por todo lo que tienes? ¿Qué crees que ocurriría si en vez de pedir por la paz, te ocuparas de vivir tú en paz y no crear una discusión cuando las cosas no van como quieres? ¿Qué crees que ocurriría si en vez de pedir un mejor trabajo, te enfocaras en sentir que lo mereces y en reconocer tus aptitudes, agradeciendo y visualizando que ese nuevo trabajo ya es tuyo?

Te lo dije el domingo pasado, no eres defectuoso. No te falta nada. Para que puedas materializar y dar forma a lo que deseas, debes darte cuenta de que esa vibración ya la tienes dentro porque aunque no lo creas, tú eres un ser completo, un micro Universo. 

Cancela. Deja de pedir y vibra, siente dentro de ti lo que quieres materializar fuera. Permite que el Universo sintonice con tu vibración interna.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

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CON EL MONO


"El mundo está lleno de sufrimiento. La raiz del sufrimiento es el apego a las cosas. La felicidad consiste precisamente en dejar caer el apego a todo cuanto nos rodea". Buda


Como si fuera heroína. Hay algo en tu vida que te hace dependiente, que te engancha, que te atrapa y te miente. Te maltrata haciéndote creer que lo necesitas. Precisas de una dosis de esa persona, de esa expectativa, de ese sueño, o de esa meta. Te apegas, te apegas, te apegas. Te enganchas, te sometes, te reduces, te haces dependiente. 

El apego te convierte en drogadicto. El apego te mata. Sé que ahora mismo crees que sin él no podrás, que sin ella tu vida no tiene sentido, que si no tienes un hijo o no aparece la pareja perfecta, tu presente no tiene significado alguno.

Te has creído esa dependencia, por eso te invito a que te desprendas. A que descubras la libertad y la profunda alegría que esconde el no necesitar.
Es hora ya de que te desintoxiques. Es hora de que tengas el mono y comiences el proceso de desapego. Es hora de que te enfrentes a lo que te engancha. Es hora de que dejes de esnifar sufrimiento.

Cierra los ojos, encuentra tu espacio, tu tiempo y pregúntate cuáles son tus enganches. ¿A qué estoy apegado? ¿Qué es lo que me lleva a pensar que "sin eso no podré"? ¿por qué lo necesito? 

No abras los ojos, observa todo eso que crees que necesitas e imagina que lo dejas ir. Imagina que te permites desprenderte de ello. Que lo sueltas. 
Observa qué ocurre al hacerlo. ¿Qué te asusta? ¿cómo te sientes al soltar ese deseo? ¿qué se mueve dentro de ti cuando dejas ir ese enganche? ¿cuáles son tus miedos?

Date cuenta de que el apego es el reflejo de una creencia erronea sobre ti mismo. El apego está fundamentado en la idea de que eres incompleto, de que te falta algo y de que sin eso que te engancha, no podrás ser feliz. El apego te saca del presente, te llena de escasez. El apego es la mayor de las mentiras, la peor de las drogas.

El apego te invita a que mires dentro y a que te des cuenta de lo drogado que has estado. Te invita a que descubras que todo lo tienes dentro. Porque sí, porque aunque no lo creas, todo existe ya dentro de ti.

Feliz presente.

Almudena Migueláñez

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TE LO MERECES

"...La idea de la culpabilidad da lugar a la creencia de que algunas personas pueden condenar a otras, como resultado de lo cual, se proyecta separación en vez de unidad. Solo te puedes condenar a ti mismo, y hacer eso te impide reconocer que eres inocente..." UCM

Lo que sea que busques, te lo mereces. Da igual el sueño que albergues, no importa lo que anheles, te lo mereces.

Yo sé que lo mereces porque te veo inocente, como un niño pequeño. Eres tú el que todavía no lo ha visto, el que aún hoy, no ha aprendido a verse con los mismos ojos con los que le ve el Universo, probablemente porque a veces, ni siquiera sabes cómo miran ni qué quieren decirte esos ojos.

Es sencillo, a ti el Universo te mira igual que una madre a su hijo, desde la incondicionalidad y la inocencia. No necesita que hagas nada para devolverte un sueño, solo te está pidiendo que le digas que eres inocente, que te lo mereces. Que le digas que no hay separación entre Él y tú. Solo quiere que vibres en lo que realmente eres, que no te limites, que te aceptes, que sepas, de verdad, que te lo mereces.

El Universo, o como prefieras llamarlo no te juzga, no está esperando a que logres, a que te mates para darte el premio. Eres tú y solo tú el que se juzga constantemente, el que no se siente merecedor porque es culpable, porque lo ha hecho mal, porque no es suficiente, porque en el fondo, sostiene la creencia de que su Padre Divino no le acepta tal y como es. Así, de nuevo vuelves a ser tú el que se esfuerza, se sacrifica y lucha contra si mismo para demostrarse que, pese a no ser lo suficientemente valioso, pese a no ser inocente, quizá se le conceda una migaja del sueño que nunca alcanzará. Eres tú y solo tú el que no te aceptas, el que no te amas.

¿Realmente crees que el Universo del que formas parte te quiere tan poco? ¿crees que necesita que seas otra cosa distinta de lo que eres? ¿Piensas que cree que no te lo mereces?

En vez de esforzarte tanto por alcanzar algo, ¿te has parado a sentir que lo mereces, así, sin más? 

Tú eres inocente y te lo mereces, no por lo que hagas sino por lo que ERES. Y esto, y solo esto es lo que te salvará la vida, saberte merecedor e inocente. 

Si no lo declaras, si profundamente no sientes que mereces, tu sueño, ese que te hace levantarte cada mañana, se desvanecerá y lo hará porque lo que te estás diciendo es que tal y como eres, no eres suficiente. Te estás diciendo que necesitas ser algo distinto de lo que eres para merecer aquello que quieres.

El merecimiento, mucho antes que tu esfuerzo, es la condición indispensable para que puedas vibrar en sintonía con tu sueño.

Siéntate, cierra tus ojos y dite: ME LO MEREZCO.

Feliz presente.

Almudena Migueláñez